Ansiedad sin sentido

Adolescende agobiada por ansiedad

“Siento felicidad en todos los aspectos de mi vida y sigo teniendo ataques de ansiedad en ocasiones aleatorias”. Con esta preocupante frase me resumió su situación una joven
universitaria la semana pasada.

Y resulta que era verdad:

✔ Familia unida, con roles equilibrados, mucho cariño y comunicación
✔ Sin problemas en la situación económica
✔ Con amigos y actividad normal de la edad
✔ Novio estable y relación muy sana
✔ Estudiando la carrera de sus sueños, y sin presión de nadie

Pero… ¿Dónde estaba el problema entonces? Vale, está claro que la vida
“consciente” está en orden. Concentremos la atención sobre la emoción de
la ansiedad.

Al fin y al cabo para eso están las emociones: para darnos mensajes, para contarnos cosas, y en el caso de emociones incómodas como el miedo, la ira o la tristeza, para pedirnos que reaccionemos y cambiemos algo.

Ella demuestra en todo momento un gran sentido de la aportación a los demás. Incluso llega a explicar que muchas veces nota que no sabe decir que “NO”. Parece ser el típico caso de volcar la vida en los demás y olvidarnos de nosotros mismos. Pero ¿de dónde viene ese patrón?

Como suele ser habitual, llegamos hasta los padres. En este caso hasta una madre que lo ha dado todo por sus hijos, y por su familia, trabajando en casa cuando eran pequeños
para estar cerca de ellos, pero trabajando hasta alta horas de la noche para poder cumplir con sus obligaciones. Todo era esfuerzo, aportación a la familia y darlo todo por el bienestar de los demás.

De mi mentor he aprendido una máxima que explica muchas situaciones: “Los niños son muy buenos observando, pero muy malos interpretando”. Y esa niña hizo suyos unos muy buenos valores de esfuerzo y aportación. Pero parece que lo hizo con unos significados que le estaban haciendo sufrir en su vida actual.

Hizo un precioso ejercicio de reconocer la raíz del problema, entender cómo le había acompañado a lo largo de los años y reconocer cómo ese significado incorrecto le impedía ser libre.

Me encantó acompañarla en la construcción de un nuevo significado de la aportación a los demás, adecuado con su situación actual y sus objetivos en la vida, pero sobre todo sin olvidarse de ella misma.

Cerró la sesión con un abrumador “gracias, me has quitado un peso de encima” y se despidió con una sonrisa de satisfacción de esas que nos salen cuando disfrutamos de tener todo en orden.

¿Y a ti? ¿Qué emociones te están gritando mensajes y no sabes qué hacer con ellos?

(También publicado en Linkedin)

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